jueves, 27 de diciembre de 2012

Inauguración del retablo lateral “del Año de la Fe” en la iglesia concatedral de Belén de Escobar y entronización de la imagen del Apóstol San Pedro

El Obispo Mons. Oscar Sarlinga llamó a a recuperar el sentido del “anuncio natalicio”, en sentido de las nuevas creaturas que somos por la gracia y asimismo “el profetismo de la esperanza”, sin la cual la Iglesia y la sociedad quedarían inermes.



Siguiendo un pedido del Obispo Mons. Oscar Sarlinga, la feligresía de la iglesia concatedral de la Natividad del Señor en Escobar (diócesis de Zárate-Campana) ofrendó un hermoso y artístico retablo (o “altar lateral”), obra de un reconocido artista en madera de cedro, donde el mismo Obispo entronizó el sábado 22 de diciembre la venerable e insigne imagen de San Pedro, del siglo XVIII, la misma que acompañó la eucaristía de apertura diocesana del Año de la Fe, el 12 de octubre en Nuestra Señora del Pilar, ante millares de fieles. Junto a la sagrada imagen fueron puestos en valor unos relicarios que desde muy antiguo estaban destinados a la iglesia de la Natividad, con las reliquias autenticadas del Padre apostólico (y obispo) San Timoteo, y de otros santos. Mons. Oscar Sarlinga procedió a la bendición del nuevo retablo y de la imagen del Apóstol, después del saludo inicial, luego de lo cual se dio la procesión hacia el altar mayor, y siguió con la oración colecta. En la homilía el Obispo hizo referencia a la fe, la fe en el aspecto subjectual de “adhesión de toda la inteligencia y de todo el corazón”, y también en su dimensión de “contenido de la fe que la Iglesia nos propone para creer”, y que hemos de profundizar, principalmente con el Concilio Vaticano II y con el Catecismo de la Iglesia Católica” –dijo-. Refiriéndose al Concilio, dijo que el día de su apertura, el 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios y que por eso el Papa Benedicto XVI, en su convocatoria al Año de la fe, se lo confió a la Virgen, y para ello peregrinó a Loreto, a la Santa Casa, pues la Virgen María brilla siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización”. Exhortó también a recuperar el sentido del “anuncio natalicio”, en sentido de las nuevas creaturas que somos por la gracia y de cómo el Señor naciente nos hace “renacer en Él”, y asimismo “el profetismo de la esperanza”, al que ve, dijo Mons. Sarlinga, como un componente revitalizador para la nueva evangelización al que nos llama la Iglesia, y sin el cual, “tanto la misma Iglesia como la sociedad quedarían inermes”. La Santa Misa fue televisada en directo por el Canal Provincial y el Canal de Escobar. La sagrada imagen del Apóstol San Pedro que fue entronizada es una de las pocas del mismo con que cuenta la diócesis, puesto que las hay, a excepción de la de Escobar, expuestas a la pública veneración sólo tres, en la ciudad de Campana, dos de la capilla de San Pedro en el barrio de Villanueva habiendo sido, la ubicada junto al altar, proveniente de la catedral de San Isidro (según documento de donación). La tercera imagen de San Pedro, junto con la de San Pablo, está en la actual parroquia de Nuestra Señora de Luján y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en Campana (luego de haber estado en el Seminario diocesano, cuando funcionó en la ciudad, hasta el año de su cierre, en 2001). Actualmente en el Seminario (en Campana) no hay estatuas sino dos imágenes pictóricas que representan a los Apóstoles. También citó el Obispo algunos aspectos de la homilía del Papa Benedicto XVI para la apertura del Año de la fe en Roma, los cuales pueden encontrarse en:
Y en:
En especial se refirió al parágrafo en el que el Papa Benedicto afirma que el Año que ese día inauguraba “ (…) está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana”. Y asimismo, reafirmó Mons. Sarlinga, aludiendo al Concilio Vaticano II, que el Papa mencionó en dicha homilía que (…) «el supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz… La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina… Para eso no era necesario un Concilio… Es preciso que esta doctrina verdadera e inmutable, que ha de ser fielmente respetada, se profundice y presente según las exigencias de nuestro tiempo» (AAS 54 [1962], 790. 791-792). Así decía el Papa Juan en la inauguración del Concilio”. De la Santa Misa presidida por Mons. Oscar Sarlinga concelebraron los Pbros. Mauricio Aracena, rector, Albino Cabral, cura párroco, Nestor Villa y Carlos Bertone, vicario parroquial. El coro de jóvenes de la parroquia engalanó la celebración, al término de la cual se tuvo un gesto, similar al reciente en la iglesia catedral de Santa Florentina, de la luz de la paz de Belén, de la pastoral scout de la comisión católica de la asociación civil Scouts de Argentina.

Para la Navidad el Obispo Mons. Sarlinga dio un mensaje a la feligresía de Zárate-Campana


Fuente: escobarnews.com
El Obispo Monseñor Oscar Sarlinga celebró la misa de Nochebuena en la iglesia cocatedral de la Natividad del Señor, con oportunidad a la vez de las Fiestas Patronales de esta parroquia escobarense.
En su mensaje navideño, el Obispo de la Diocesis de Zárate Campana indicó que “he pensado mucho en la maternidad divina de María, por ser Ella la Esposa del Espíritu Santo, y como, a partir de su Hijo Jesucristo, sigue engendrando y dando a luz a las almas predestinadas, en el sentido paulino, para que vivamos como creaturas nuevas, creaturas sanadas por la gracia, creaturas de un pueblo mesiánico que es la Iglesia, cada uno de nosotros con una vocación y elección, dentro de la gran vocación natalicia a la santidad”.
Y añadió que “Todos somos pecadores, y por consiguiente sujetos a la muerte, y necesitados de la misericordia infinita de Dios; la “Navidad interior”, esto es, el misterio vivido en el corazón, nos ayudará a verlo como “misterio interior, renovador, misterio que nos hace profundizar en el verdadero “discurso de Jesús”, que es la humildad, la de Dios omnipotente que se hace hombre, frágil, hermoso, que nos sonríe desde el Pesebre. Desde esta perspectiva, una Navidad vivida en el misterio de Dios, es “medicinal”, o, como verbalizaba San Agustín, “la primera medicina de la cual tenemos necesidad”.
Seguidamente dijo que “Pienso que sólo desde aquí puede renacer en nosotros una vida buena; sólo desde aquí puede renacer la gracia del perdón, la de perdonar y ser perdonados. Me invito y los invito, en Navidad, el Nacimiento, el acontecer del Niño, a escuchar la amorosa (y lapidaria) frase evangélica: «Si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos» (Mt 18, 2). Misterio y desafío. Hay mucho afán del poder por el poder mismo; tanta prevaricación de los corazones, tanta inmunda calculación, traición, tanta ingratitud, tanto egoísmo… pero sobre todo, y esto es lo importante, tanta esperanza, tanta luz, tanta bondad”.
Asegurando que “Esa luz nos iluminará para ver, con los ojos de la fe (tanto más en el Año de la Fe) que Belén, la que fuera la aldea perdida en el recuerdo en Tierra Santa, ha sido la esperanza por excelencia de un mundo renacido, y sigue siéndolo también para nosotros, hoy, aquí, en las circunstancias concretas de nuestra vida, en la cual Belén deviene nuevamente la Bethlehem, la Casa del Pan, promesa y garantía de la paz y de la justicia del Reino en nuestra vida, de la Mano amorosa de Jesús, el Niño, el Hombre-Dios, el dador del Espíritu que nos consuela en todas nuestras luchas”.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La medalla milagrosa: Fiesta en Belén de Escobar.

El obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga, presidió la misa en honor de la Medalla Milagrosa concelebrada por los padres José Luis De Fina, Hugo Sosa y Bruno Tonelli, lazaristas, y los presbíteros Albino Cabral y Agustín Arévalo, en el templo con esa advocación que la Congregación de la Misión tiene en la ciudad bonaerense de Belén de Escobar. 

La iglesia levantada en los años ’70 junto al colegio San Vicente de Paúl esta colmada de fieles, entre ellos muchas familias y niños. 

Los días previos a las fiestas patronales los religiosos lazaristas, presentes hace muchos años en la diócesis, invitaron a la comunidad a los solemnes cultos y a rezar la novena. 

Monseñor Sarlinga recordó que el Adviento significa “advenimiento o llegada de Jesucristo a nuestras vidas, en un tiempo litúrgico que expresa la gracia viviente que el Espíritu Santo confiere” y explicó el sentido de “estar prevenidos” que proponía el evangelio del día. 

Luego expresó su pesar por la ausencia del padre Rafael Carli, quien murió el viernes 24 de noviembre de 2011, justo antes de las celebraciones de la Medalla Milagrosa, pero a la vez mencionó que, ante la partida de un sacerdote tan querido, destacó que en sus visitas posteriores a la comunidad parroquial “no vio en el rostro de ningún fiel amargura o desolación, sino esperanza, alegría y fe en la vida eterna”. 

Tras señalar que el padre Carli murió mientras rezaba el rosario, lo definió como un sacerdote al que, con espíritu de fe, “podríamos decir, creía cordial y profundamente en Cristo y la Iglesia, pues no hay Iglesia sin Cristo y tampoco hay Cristo sin Iglesia, que es su Cuerpo Místico y su Pueblo en camino a la Pascua Eterna, y esto con la devoción que lo distinguía a la Santísima Virgen, que es Madre de Dios y Madre de la Iglesia”. 

Luego de hacer una serie de consideraciones sobre los frutos de la vida espiritual, a raíz de la imitación de Cristo, y de hablar de la presencia del Espíritu Santo en las familias y en comunidades, instó a poner en el Adviento todo el ser para derribar barreras de enemistad, para perdonar, para dejarse hacer creaturas nuevas en el Señor. 

El prelado se refirió, además, a lo esencial del mensaje que la Virgen transmitió a Santa Catalina Labouré, al que consideró “bastante poco conocido y poco leído”, y mencionó que de los cinco puntos principales que podrían resumirse, cuatro se han cumplido y uno no se ha manifestado con tanta evidencia todavía, al menos en plenitud. 

Aseguró también que la oración, el ofrecimiento, la penitencia, la conversión, la alegría testimoniada, el amor ferviente a Jesús, pueden iluminar la vida y la historia de los seres humanos, venciendo la oscuridad que tantas veces se cierne, cambiando incluso el curso de la historia si de verdad existe una conversión a Dios. 

Monseñor Sarlinga sostuvo que la Virgen transmite esa necesidad de acercarnos al Señor y a su amor, pues Ella es “esposa del Espíritu Santo, la creatura más excelsa donde el Espíritu mora con mayor plenitud, así como también toda la palabra de María, que significa toda su profecía, que se ve como concentrada en el Magnificat, y esta palabra es para nuestra salvación, y que en este sentido los cristianos tenemos que ponernos más a disposición para ser ‘luz y sal’ para el mundo, a comenzar por la fe, la esperanza y la caridad, y esta última también en su dimensión social de la solidaridad, la realización del evangelio del amor”.